La presencia y la ausencia según Mariú Palacios

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“Siempre he sentido mi identidad peruana un poco cortada. Una de las razones es que crecí en la época del terrorismo. En ese entonces, en mi casa las frases del tipo ‘El Perú es un desastre. Tienes que irte a otro país’ eran cosa de todos los días”, recuerda la artista plástica Mariú Palacios. Por eso, aunque inició su carrera en Corriente Alterna, decidió continuar sus estudios en el International Fine Arts College de Miami, Florida, donde se graduó en el 2001.

Al volver a Lima varios años después, no se sentía tranquila. Todavía una fuerza interior la empujaba a mantenerse alejada de sus orígenes. Pero como sabía que era momento de establecerse en casa, ideó un plan para reconciliarse con su pasado: haría una muestra que la conectara con ancestros. Luego de indagar en la vida de varios, eligió a su tío tatarabuelo, oficial de la Marina y héroe de la guerra con Chile, Enrique Palacios.

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La investigación histórica abordaba de lleno el conflicto armado, pero Mariú quería explicar qué significaba realmente ser un héroe y ser humano a la vez. Ante esta disyuntiva, decidió dejar de lado de documentación de época y empezó a imaginar las emociones y vivencias de Palacios. El proceso no era sencillo, por lo que recurrió a las “constelaciones familiares”, una técnica astrológica con la que se busca deshacer los nudos en existen en la genética emocional de cada persona. “El concepto parece alejado de la realidad, pero lo hice y empezaron a suceder cosas increíbles. Me conecté con mi linaje profundamente”, explica.

“El proceso se realiza a través de una terapeuta que te induce a un trance profundo. Es complejo de imaginar, pero resultó muy útil. Una de las cosas que me sorprendió fue que cargar con el peso de una guerra en tu historia familiar era algo muy duro. Tu pariente ha asesinado gente y ha atravesado un sufrimiento específico por tu país”, comenta.

Fue entonces que Mariú decidió concentrarse en la fuerza de las imágenes que había recibido “y se me ocurrió inventarle a Enrique una historia de amor, pese a que era un hombre casado”. Así, recreó un supuesto romance entre el oficial y una mujer de New Orleans, a donde él llegó junto a un grupo de peruanos para comprar un buque de guerra.

Respecto al año que tomó esta travesía, no existe documentación alguna. Por eso, Mariú creó una correspondencia entre los amantes que deja en evidencia el coraje de su ancestro y el dolor de la mujer por la separación. Sin proponérselo, terminó por encarnar a la mujer, se tatuó frases de la correspondencia en tinta china y la personificó en una serie de fotografías que presentaron en Art Lima el año pasado, como parte del Solo Show titulado “Heroína en construcción”.

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Pero el trabajo apenas había empezado, pues Mariú continuó su exploración. Según su visión, al enterarse de la muerte de Palacios ocurrida el 22 de octubre de 1879 (la misma fecha en que la artista nació un siglo después), la mujer se sume en una profunda depresión y se entrega al dolor.

En su segundo año de trabajo, la artista analiza el luto. ¿Qué pasa con los recuerdos y hacia dónde van?, ¿dónde se guarda lo vivido y cómo se deja pasar la pena? En esta muestra titulada “La presencia de la ausencia” el dolor se vuelve un muro de contención. “Es vivir la tristeza como una posibilidad de iluminación posterior, es aceptarla y dejarla ir”.

“Es paradójico porque al final la respuesta a todas mis dudas no me las dio Enrique Palacios, me las dio esta mujer que me ha conectado con mi linaje femenino. Él solo fue la punta del iceberg”. Y es que a veces, una tragedia, ya sea personal o universal, nos abre las puertas hacia una visión más amplia del mundo.

Para ver la exposición, no dejen de visitar la galería CEDE ubicada en la calle Sáenz Peña 214, Barranco. La entrada es libre.

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