Adiós, amor

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¿Cómo debemos enfrentarnos a una ruptura amorosa?, ¿existe acaso el momento ideal para terminar con alguien?, ¿cómo debemos manejar la pena para que esta no detenga nuestros planes de vida? Conversamos con Rebeca Podestá, psicóloga especializada en temas de género, sexualidad y pareja. Las ilustraciones utilizadas en este post han sido creadas por la artista Karina Huertas.

A veces seguimos en una relación por las razones equivocadas. Quizás ya no hay amor, o solo queda la costumbre, pero la idea de enfrentar la ruptura nos parece más difícil.

Esto se debe principalmente al temor al cambio y lo desconocido. También nos atemoriza la soledad. A otras les preocupa cómo podrían volver a salir con alguien. Este tipo de factores ocasionan que en ciertos casos uno prefiera seguir con una relación que, si bien no te llena por completo, te resulta cómoda. No estamos hablando de relaciones en las que existan abusos o maltratos, sino de algunas en las que ya no hay muchas emociones o todo se ha vuelto rutinario.

Pero ¿cómo enfrentamos nuevamente la soltería? Sobre todo, cuando hemos tenido una relación larga.

Podría parecer una tontería, pero un buen plan es hacer un cambio en tus redes sociales. A veces cuesta porque hay fotografías que han retratado momentos felices. Tampoco es que al quitarlas se “borre” la pena, pero al menos sería bueno cambiar la foto de perfil y portada.

Otro buen paso es contarlo a los demás cuando ya estemos listas. Muchas veces sucede que al estar con alguien nos aislamos. Debemos tener cuidado con esto porque si se acaba la relación, podemos descubrir que perdimos a varios amigos. Al contarlo, evitas que alguien te pregunte por esa persona y que pueda hacerte sentir incómoda al recordarlo. Nadie tiene que saber los pormenores, pero sí debes tratar de comunicarlo al resto.

Otra recomendación es empezar a llevar algún curso pues tendrás más tiempo libre y lo mejor es aprovecharlo en algo positivo. Al mantenerte ocupada y aprender cosas nuevas, le quitas espacio a los momentos tristes. Invierte en ti misma, sal a conocer sitios, viaja, haz ejercicio, date tus gustos. Engríete. El presupuesto no tiene por qué ser una excusa.

Hacer voluntariado es una opción muy buena pues el hecho de dar sin esperar nada a cambio te da una satisfacción alta. Así, esa energía que podrías gastar pasando el día en cama, puedes invertirla en ayudar a quienes lo necesitan. Es imposible que no vayas a sentirte mal, sobre todo si la noticia te agarra “de sorpresa” y te quedas en el aire, con planes y proyectos trazados, pero hay que aprender a ponernos fuerte para sobrellevar las cosas.

¿Por qué duelen tanto esos planes que no se concretan? 

El dolor de la pérdida duele tanto que algunos le dicen “el síndrome de la ruptura afectiva”. Es un duelo difícil porque no se comparte con nadie. Si falleciera un familiar, pues todos en casa se sentirían tristes a la vez y se acompañarían en ese dolor. Pero, en cambio, cuando se acaba una relación, nadie sufre contigo esa pena. Las personas a tu alrededor se preocupan, te escuchan, pero no pueden sentir lo mismo que tú.

Existe la idea de que quien termina tiene menos dolor y eso es equivocado. La persona que toma la decisión, a menos que se vaya porque ya quiere algo con alguien más, igual sufre. Como preguntabas, duelen los planes próximos y también los que se tenían a largo plazo porque había cariño e ilusión en ellos. Es doloroso pensar en lo que se hubiese podido lograr. Pero lo peor que puedes hacer es torturarte con eso o lastimarte pensando en qué te podrías haber equivocado.

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¿Por qué en los últimos tiempos tendemos a exhibir la pena en las redes sociales?

Eso es peligroso. A veces, terminas por publicar algo feo en un ataque de ansiedad, se acumula la tensión o la rabia y lo lanzas. Pero después sientes vergüenza por lo que ha pasado. El problema al hacer esto o enviar indirectas con frases o fotos es que das pie a que los demás opinen y hagan comentarios sobre tu vida personal. Incluso hay casos en que después se da una reconciliación y se genera mucha incomodidad entre quienes hicieron comentarios desfavorables y la pareja. Cuando tengas un ataque de rabia, lo mejor es escribir una carta para así desfogar esas emociones, y guardarla o destruirla, pero no enviarla.

¿Y cómo manejamos la pena cuando estamos en el trabajo? Me ha pasado, pero no creo que sea buena idea ponerte a llorar ahí…

Es mala idea llorar todo el día, no importa si estás en tu casa o en tu oficina. Puede sonar extraño, pero yo sugiero que si es incontrolable se pongan un horario para llorar. Por ejemplo, si necesitas hacerlo, hazlo mientras te bañas para despejarte. Pero sales, te cambias y ya acabó eso. No más. Y si no quieres comer en los primeros días, no te fuerces, come poquito. Pero no te abandones, no dejes que infecte todos los planos de tu vida. Tienes que poner de tu parte para no permitirlo.

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He leído en algunos artículos que la ruptura duele como una enfermedad, como un golpe…

¿Nunca te ha pasado que si lloras por la noche te levantas con un dolor horrible en el cuerpo, como si te hubiesen golpeado? La tensión se acumula y duele. Por eso, lo mejor es moverse, caminar y cambiar los hábitos. Cambia el color de tus paredes, cambia el edredón, no escuches música romántica ni veas películas tristes, evita caer en esas trampas emocionales para mantenerte firme en el propósito de seguir adelante.

¿Y qué pasa si el final de la relación acaba con tu deseo sexual?

Mira, eso puede ser temporal. Además, es muy relativo, depende mucho del carácter de la persona. A algunos les aumenta, quieren distraerse con eso. Pero cada uno tiene su propio reloj, su propio tiempo. Si después de terminar con alguien sales con otra persona pero todavía no te sientes lista para que estén juntos de esa forma, no te fuerces. Date tu tiempo y sigue tu vida solo cuando te sientas realmente lista para hacerlo.

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Rebeca Podestá es egresada de la UNIFE de la carrera de psicología. Trabajó en INPPARES y llevó un diplomado de orientación para la salud sexual y reproductiva. Además, ganó la beca de la Fundación Carolina, con la cual estudió en la Universidad Complutense de Madrid un curso sobre sexología, terapia de pareja y sistema familiar. A partir de entonces, brinda charlas sobre sexualidad a niños y adolescentes en colegios y eventos. Ha sido columnista en diversidad publicaciones. También dicta charlas a grupos de mujeres a pedido para así ayudarlas a resolver sus dudas. Desde hace ocho años, fundó el Centro Incorpore donde atiende previa cita. También es mamá desde hace un año y tres meses.
Para contactarla, pueden escribirle a info@centroincorpore.com

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Karina Huertas es una joven artista plástica egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ha participado en exposiciones colectivas tanto en Perú como en el extranjero. Actualmente trabaja como docente y sigue la maestría de Historia del arte y curaduría de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su obra se caracteriza por el uso del cabello, el vestido y la creación de metáforas mediante objetos cotidianos.

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