Teatro: Las tres viudas

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Es 1921 y nuestro país está a punto de festejar el primer centenario de nuestra independencia. Afuera, las celebraciones ya se preparan pero en casa doña Micaela tiene sus propias preocupaciones. Su madre, doña Martina (Sofía Rocha), intenta ejercer control sobre ella y volverla a casar. La joven interpretada por una notable Gisela Ponce de León se rehúsa, ya que no quiere perder el nuevo estado de libertad e independencia que le ha dado la muerte de su marido. Unas pocas casas más alla, Clara (Jimena Lindo) vive sus propios problemas e intenta vengarse del hombre que la enamoró y abandonó. Las tres son viudas y, aunque no lo sospechan aún, serán parte de un drama amoroso donde las finanzas tienen una función trascendental.

Originalmente “Las tres viudas” de Manuel Ascencio Segura no cuenta con aquel contexto de fervor patrio. Pero Carlos Galiano decidió reubicar los acontecimientos en una fecha especial para acentuar ciertos aspectos del montaje. Su versión de esta obra trascendental del trabajo de Segura cuenta además con algunas escenas nuevas y divertidos números musicales que dejan en evidencia que nuestra Lima no dista mucho de aquella en la que viven estos emblemáticos personajes. Un espacio donde la envidia, la criollada y la discriminación no pueden negarse.

“Esta ciudad se ha hecho sobre los pilares del desprecio, el afán de distinción, la jerarquía de la apariencia, y otras tantas taras que están en nuestra médula. Sin duda, muchos sectores de la sociedad civil presentan hoy una conducta más solidaria, inclusiva y transparente, pero sería inocente no percibir que en muchos otros, aunque velada en algunas pocas ocasiones, opera la ideología de la discriminación y la pendejada”, afirma el director del montaje.

“Es increíble y lamentable a la vez que una obra como esta siga tan vigente. El chismorreo y la discriminación siguen jugando un papel terrible en esta sociedad. Aunque cada vez es menor, aún con miramos con terrible intensidad al que está al frente y lo juzgamos con una vara con la que no nos atrevemos a medirnos, jugando así con una doble moral que muchas veces nos caracteriza”, explica Jimena Lindo.

“El machismo y el racismo siguen atravesando de forma transversal toda nuestra idiosincrasia. Mientras permanezcamos sin reconocerlo, obras como esta continuarán siendo un espejo de nuestra contemporaneidad, lo que es lamentable”, reflexiona la actriz que interpreta a Clara.

El amor en los tiempos de la viudez

Pero ¿qué mueve a las protagonistas de esta obra a mostrarnos sus más oscuros secretos y deseos? Sin duda, es la necesidad de mantener su estatus y el temor a perder una independencia ganada casi por accidente.

“Mi personaje, por ejemplo, se resistente a cambiar de siglo. Es una sobreviviente y la conmueve recordar todo lo que ha tenido que pasar para seguir adelante. Pero Martina no deja traslucir eso tan fácilmente, por eso es tan dura con Micaela, su hija”, comenta Sofía Rocha.

“Para ella, que está anclada en una Lima más antigua, no existe una forma de vida que no sea un matrimonio que aporte solidez. Por eso le resulta tan importante casar pronto de nuevo a Micaela, ya que ella misma no tiene esa oportunidad y si la tuviera no dudaría en aprovecharla. Su hija es el pasaporte a una vida mejor para no morir de hambre. Así de drástica era la situación era en esa época”, comenta Rocha.

Por su parte, la hija de Martina tiene una mirada distinta y así la explica Gisela Ponce de León: “Micaela es una dama limeña que proviene de una familia que no es pudiente, aunque así lo aparenta. Está un momento en el que la ceguera de la sociedad es también la suya. Pero su juventud, ilusión y la curiosidad propia de su edad la llevan a darse cuenta de algunos aspectos que podrían acabar con la visión que tiene del mundo, de su familia, de ella misma y de Lima”.

“Está enamorada de Don Pablo, un hombre que representa una nueva oportunidad de salir de casa para conocer el amor, para crecer y finalmente abandonar la sombra de su madre. A ella la mueven los sentimientos y la idea de una libertad que en ese momento el amor le puede dar”, agrega. Pero doña Martina se pone a esta unión pues no alcanzarían solventar con esta su estilo de vida.

“En el marco de la obra, no tener a un hombre que te avalara económicamente era una verdadera desventaja, como si estuvieras lisiada socialmente. Era vital tener a alguien que se ocupara de una porque en el mundo la mujer tenía palabra solo dentro de su casa y con la familia, pero más allá de esos muros era una persona incapacitada. Ser viuda, sin embargo, era un balance rentable”, acota Gisela. “Por eso, en mi personaje existe una necesidad inherente a ella: la de enamorarse y enamorar para lograr ser feliz de la única manera en que se le ha enseñado que puede serlo”.

El trinomio lo completa Clara, una intrigante pero divertida viuda que aportará una cuota importante a los enredos entre madre e hija. “Clarita es moderna, tiene un estilo europeo aunque también es muy limeña. Entiende que vive en una época en la que las mujeres no tienen muchas posibilidades. Además, ha tenido después de enviudar una experiencia que no quisiera que viviese ninguna otra mujer”, nos cuenta Jimena Lindo.

“Clara sabe que tiene más status ser viuda que ser soltera y lo dice en la obra: ‘no hay por qué sentirse solas si nos tenemos a nosotras’. Pero, a la vez, lamenta no tener un marido, ya que sobrevive con una pensión le da una vida ajustada. En esa situación, como tantas, busca un buen matrimonio que la beneficie”, nos cuenta. En este escenario, las tres se guiarán por lo que consideran óptimo para sus vidas, aunque en el proceso descubrirán que las cosas no son lo que parecen.

“Retomar este personaje que ya hice en el 2015 en el Teatro La Plaza es hermoso. Mi aproximación al texto es diferente, ahora descubro sutilezas que antes no veía. Tengo nuevas experiencias he podido aplicar en mi trabajo. Me siento feliz de poder reestrenarla pues sé que mucha gente se quedó sin verla la primera vez”, dice Sofía.

“Creo que lo más interesante de una reposición está en constatar que el teatro te exige estar vivo y hablar desde el ahora. No se trata entonces de recordar cuál era tu letra y dónde te parabas, sino de reconectar con los anhelos y conflictos del personaje, con su verdad. Y esa verdad siempre puede hacerse más grande”, explica Galiano.

“Además, es cierto que el montaje debe acomodarse al nuevo espacio, pero eso no es problema cuando se tiene un equipo tan sólido como el de Los Productores, y actores tan diestros como estos señores, más bien es una nueva arena en la cual jugar, y eso siempre es divertido”, agrega el director. Así, desde el 18 de enero, el elenco que completan Carlos Tuccio, Christian Ysla, Stephanie Orúe y Pierr Padilla los espera en el Teatro Pirandello. “La idea es que Lima se ría de sí misma y se preocupe otro tanto”, finaliza Galiano.

 

[Este texto ha sido escrito originalmente para el programa de mano de “Las tres viudas”, montaje que se estrenó el 18 de enero en el Teatro Pirandello bajo la batuta de Los Productores. Agradezco que su equipo me haya permitido reproducirlo en esta plataforma web]

Fotos: Difusión

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