Lif Week día 1: Yahel Waisman

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Nunca he escrito sobre Yahel Waisman. En distintas oportunidades mientras trabajaba en una conocida revista, estuvimos a punto de publicar algo pero siempre nos ganó la mala suerte o el mal tiempo. Me encanta sentir que ahora esos límites que a veces puede darte el papel se rompen en la web y puedo tener todo el espacio disponible que quiera para publicar lo que me interesa.

Yahel se graduó de la escuela de moda Felicidad Duce (la misma a la que fue Andrea Llosa y de la que tengo las mejores referencias). Pienso que estudiar en Europa que nos lleva tanto tiempo de adelanto siempre puede ser un plus para tu carrera. Según explica la biografía de Waisman en su web, ella busca romper con los códigos para destilar sensualidad en un entorno que a menudo es muy estático.

La diseñadora debutó el Lif Week durante el primer día de presentaciones y fue la encargada de cerrar el bloque de Nuevos Talentos, una decisión acertada tomando en cuenta que las primeras dos propuestas (OCHO y Den Távara) eran súper urbanas y tenían puntos de contacto. En este trío, la propuesta de Yahel era la más disímil, lo cual me gustó porque en la variedad está el grupo.

La propuesta de Yahel Waisman es etérea, romántica y hasta virginal. Sus ninfas (porque dejan de ser modelos para convertirse en criaturas fantásticas con sus vestidos) desfilaron con gracia y la calidad de los acabados, para mí, atestiguó que Yahel viene trabajando con fuerza desde el 2012.

La inspiración fue totalmente botánica. Yahel nos explica que partió de la delicadeza y fragilidad de las flores para crear una colección femenina, sutil y elegante. El proceso empezó con su viaje a Nueva York donde compró la mayoría de sus telas. Luego, regresó a Lima para intervenirlas con bordados a mano en hilos, pedrería fina y Swarovski.

“Quise usar mucho tul italiano para darle movimiento a los vestidos y luego, como detalle, coloqué el terciopelo pero no de una manera exagerada si no como toques de textura y para marcar ciertas partes del cuerpo como la cintura o escotes. Mi objetivo es que esta colección fuera más dinámica en cuanto a color y looks. Apostamos por colores más fuertes a los que suelo usar y a darle versatilidad a los looks con diferentes complementos como las capas, tops, faldas midi y pantalones”, nos explica.

Hoy que muchos diseñadores utilizan tul bordado, este recurso podría parecer casi un cliché, pero Yahel dice que lo lleva adelante dándole un toque único. “La forma de los bordados juega un papel importante porque ahí es cuando puedes ser más creativo y jugar con diferentes figuras, intervenirlas y lograr algo nuevo”.

El show estuvo dividido en tres mini bloques porque “era importante diferenciar mis novias de los vestidos de noche. Queríamos mostrar en el medio de la colección para romper con lo tradicional de cerrar los desfiles siempre con la novia. Apostamos por cambiar la música y jugar con las luces. Creo que se logró súper bien y se entendió que propongo algo moderno. La novia Yahel Waisman no quiere verse igual a nadie. Quiere destacar y llevar su propio sello. Se siente cómoda y tiene mucha onda”.

Los colores salieron enteramente de flores plasmadas en un libro antiguo de botánica. Pero cada bloque tuvo sus toques especiales. En el primero, hubo mucho rojo y verde. Después, las novias tuvieron una paleta neutra y, finalmente, en el tercero hubo más fuerza en azul, morado y amarillo.

Lo mejor: No hubo nada que realmente no me gustara. Creo que todas las prendas eran bonitas y románticas. Mi favorito fue el bloque final de colores más intenso, solo ahí sentí toques más sensuales y menos etéreos en las prendas. Punto a favor para el uso de zapatos de taco bajo, realmente no debe ser un requisito ponerse los mega tacos para lucir elegante. ¡Me encantó que fueran sobrios y tan usables a la vez!

Lo que no me gustó: Yahel Waisman pudo arriesgarse con otros cortes y formas. Sin perder su estilo romántico, me hubiese gustado verla apostar por más escotes o siluetas desestructuradas para romper con lo establecido. No me gustó el vestido amarillo, quizás porque es un color que me desagrada en particular. Siento que las mangas avejentaban a la modelo.

Fotos: Sebastián Corzo para The Solo Project

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